La Danza del Pochó, un reflejo de Tenosique
Una síntesis mestiza de motivos mayas dio como resultado una fuente de identidad para este pueblo a orillas de la selva y el Usumacinta

Se dice que es "El carnaval más raro del mundo", pero el grado de rareza de algo siempre está en los ojos del espectador. Se puede decir, tal vez, que es una de las fiestas de carnaval más originales. Es la Danza del Pochó, en Tenosique, municipio tabasqueño fronterizo con el departamento del Petén, en Guatemala. Como en otras partes del mundo, aquí se llevó a cabo un mestizaje del calendario católico con un antiguo ritual local, en este caso una danza de posible origen prehispánico.
Los personajes principales de la danza son tres: cojoes, tigres y pochoveras. Los cojoes son unos peculiares hombres con máscara de madera y sombrero adornado de bugambilias, con polanias de "sojol" (tallo seco del plátano) que esgrimen el shiquish (nombre onomatopéyico), un palo hueco de guarumo (Cecropia peltata) relleno de changalá (semillas del árbol Thevetia peruviana). Los tigres son en realidad jaguares (es curioso que en nuestro territorio haya perdurado el nombre erróneo que le otorgaron los españoles a este felino, y no el maya, balam, o el internacional jaguar, que proviene de la lengua guaraní), los danzantes de este grupo portan pieles auténticas y se pintan el cuerpo con barro, marcando las supuestas manchas del felino con carbón. Los participantes actuales aseguran que sus pieles son de hace muchos años, anteriores al nombramiento del jaguar como especie protegida. No hay manera independiente de verificar si esto es cierto, pero es verdad que hoy la mayoría de las personas del pueblo está consciente de que cazar a un jaguar es, más que un delito, algo moralmente reprobable.