Historia del carpintero y el orchán
La temporada de anidación nos muestra escenas de vida y muerte a la orilla del río Tabasco

En febrero y marzo llegan los carpinteros lineados a los parques. A diferencia del chejé, que vive todo el año en parques y patios de Villahermosa, los lineados aparecen a principios de año entre los sauces que bordean la orilla del río Tabasco, y se van cuando arrecia el calor, a mediados de abril. Me tomó dos o tres años entender que su llegada a la ribera coincide con su época de cría. No son aves migratorias, así que no parece haber una explicación lógica para que su estancia en los bordes de la ciudad se limite a dos o tres meses del año, pero así ocurre.
Si eres lector asiduo de Nube de Monte ya te imaginarás lo que voy a decir a continuación: no existen estudios científicos publicados sobre la historia natural de esta especie en Tabasco ni en Chiapas. Todo lo que sabemos de ella se basa en investigaciones realizadas en otros lugares de los vastos territorios que habita, desde México hasta buena parte de Sudamérica. Aunque no está considerada en peligro de extinción, no se sabe si sus poblaciones son estables o están descendiendo. Y entre las cosas que no sabemos sobre su vida están el tiempo que tardan en incubar sus huevos y en criar a sus polluelos, o cuáles son los animales que se alimentan de ellos. En este texto tal vez tenga alguna observación pertinente sobre esto último.
En febrero de este año sentí que me encontraba un gran regalo: en el malecón de la colonia centro había una pareja de carpinteros lineados (Dryocopus lineatus) anidando en un sauce, y el hueco en el tronco no tenía obstáculos que entorpecieran la vista. “A partir de ahora”, pensé, “sólo tengo que regresar diariamente al mismo punto para documentar fotográficamente la crianza de los polluelos”.