Villahermosa, una ciudad hecha para inundarse

El crecimiento urbano desordenado e insostenible, basado en la corrupción y el tráfico de influencias, han comprometido seriamente la viabilidad futura de la capital de Tabasco

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    Avenida Méndez, casi esquina con 2 de Abril. Centro de Villahermosa, 3 de noviembre de 2007. Foto: Francisco Cubas

    Para finalizar el primer año de la pandemia, la ciudad de Villahermosa ha vuelto a inundarse, en esta ocasión, por las lluvias extraordinarias del Frente Frío número 9. Es díficil que no haya percances cuando en sólo 13 horas caen 475 mm de lluvia, que es más o menos lo que recibe el estado de Sonora en todo el año.

    Pero como señalan los especialistas de diversas disciplinas, no existen desastres naturales, existen fenómenos naturales que se convierten en desastres por la negligencia humana. En el caso de Villahermosa, a nadie puede extrañarle que llueva durante el mes de octubre, y es totalmente previsible que cada cierto número de años ocurran lluvias por encima del promedio, sobre todo en este siglo, cuando ya se han manifestado claramente por todo el mundo los efectos del cambio climático.

    El problema de la capital de Tabasco es que arrastra las consecuencias de muchas décadas de crecimiento desordenado e insostenible. Su supuesta modernización se construyó sacrificando su tejido social y su medio ambiente para generar grandes ganancias a grupos empresariales.