El calor extremo nos enferma y nos mata

Las olas de calor dejan víctimas mortales, pero la vida cotidiana en el trópico húmedo también puede tener consecuencias negativas a largo plazo para la salud

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    Atardecer en el malecón de Gaviotas, Villahermosa, junio de 2024. Foto: Francisco Cubas

    La principal función del cerebro es algo en lo que casi nunca pensamos: la homeostasis; la autorregulación de las funciones del cuerpo, para mantenerlas estables ante los cambios externos. Cuando leas tus próximos análisis de sangre piensa que tu cerebro, sin que se entere tu voluntad, mantiene en equilibrio miles de millones de procesos, en 11 sistemas principales, y unas 50 funciones neuronales independientes.

    Uno de los factores críticos para que todo eso se mantenga en orden las 24 horas del día es nuestra temperatura interna. Actualmente se acepta que el promedio aceptable de la temperatura corporal humana es de 37°C, y el esfuerzo necesario para mantenerla constante depende en gran medida de la temperatura externa. Se estima que a nuestro organismo le resulta más fácil hacerlo entre los 20°C y 25°C externos, unos grados hacia abajo o hacia arriba y nuestro cuerpo empieza a luchar y a ponerse en estado de emergencia, como si estuviera siendo amenazado, y en realidad lo está.

    Aquí es importante mencionar que la temperatura absoluta externa no es un buen indicador de lo que enfrenta nuestro cuerpo en el medio ambiente. Para expresarlo mejor se desarrolló en los años 70s el indicador llamado heat index en inglés, sensación térmica, en español. Dicho número se obtiene de una fórmula que combina la temperatura ambiente con el porcentaje de humedad del aire.