Palabras de gratitud hacia la vida
Breve reflexión sobre nuestro lugar en el mundo

Nube de Monte cumple cinco años y no encuentro una mejor manera de celebrarlo que compartiendo contigo el Mensaje de Gratitud de los haudenosaunee, que fue creado hace unos mil años, muchos siglos antes de que los europeos invadieran este continente.
Los haudenosaunee también son conocidos como las Seis Naciones (mohicano, oneida, cayuga, onandaga, seneca y tuscarora), o Confederación Iroquesa. Se trata de seis pueblos americanos que se desarrollaron en el noreste de lo que hoy son Estados Unidos y Canadá.
Según su tradición oral, alrededor del siglo XII d.C. los legendarios Dekanawida, el Gran Pacificador; Hiawatha; y Jigonhsasee, la Madre de Naciones, pusieron final a la lucha entre estos seis pueblos, y les legaron la Gran Ley de Paz (o Gayanashagowa), una constitución que fue preservada de modo oral, usando cinturones de cuentas como ayuda mnemotécnica.
A partir de entonces, el Mensaje de Gratitud, llamado por ellos Palabras Que Van Antes Que Todo Lo Demás es recitado por los miembros de la confederación al inicio de los días escolares, y antes de cualquier encuentro cultural o político. Encontré estas palabras hace un mes, mientras leía el libro de Robin Wall Kimmerer, Una trenza de hierba sagrada. Luego del asombro inicial, me pregunté por qué este mensaje no es más famoso y conocido, y pensé que sería muy adecuado compartirlo con los lectores de Nube de Monte en el aniversario, porque en esas palabras he visto reflejada la esencia de este espacio.
Reproduciré sólo unos párrafos para respetar los derechos de autor, pero espero que puedas buscar el mensaje completo en las referencias al final de este artículo.
Cuando se recita en las escuelas, los maestros piden a sus alumnos que “comenzando por el lugar en que nuestros pies tocan la tierra, saludamos y damos las gracias a todos los miembros del mundo natural”. Luego, al final de cada párrafo, los oyentes contestan en grupo al orador: “ahora nuestras mentes son una sola”.
Y las palabras que recitan son estas:
Hoy estamos reunidos y observamos los rostros que nos rodean y vemos que los ciclos de la vida continúan. Se nos ha encargado el deber de vivir en equilibrio y armonía con los demás y con el resto de las criaturas. Unimos nuestras mentes en una sola y nos saludamos y nos decimos gracias como un solo Pueblo. Ahora nuestras mentes son una sola.
Damos gracias a nuestra Madre, la Tierra, pues ella nos ofrece todo lo que es necesario para la vida. Sostiene nuestros pies al caminar. Nos alegramos de que siga cuidando de nosotros, como ha hecho desde el principio de los tiempos. A nuestra Madre le enviamos agradecimiento, amor y respeto. Ahora nuestras mentes son una sola.
Damos gracias a todas las Aguas del mundo por saciar nuestra sed, por reponer nuestras fuerzas y traer vida a todas las criaturas. Conocemos su poder en muchas formas: cascadas y lluvias, nieblas y arroyos, ríos y océanos, nieve y hielo. Agradecemos que todas las Aguas estén aún aquí, que no abandonen su responsabilidad con el resto de la Creación. ¿Podemos todos decir que el Agua es importante para la vida y unir nuestras mentes en una sola y saludar y darle las gracias al Agua? Ahora nuestras mentes son una sola.

Nos fijamos ahora en los vastos campos de las Plantas. Adondequiera que miremos, vemos las Plantas crecer y obrar mil maravillas. Mantienen la vida en sus múltiples formas. Con nuestras mentes unidas, les damos gracias y deseamos que las generaciones futuras sigan viendo a las Plantas. Ahora nuestras mentes son una sola.

A nuestro alrededor se yerguen todos los Árboles. La Tierra tiene muchas familias de Árboles y cada una de ellas recibió instrucciones y usos diversos. Algunas dan abrigo y sombra; otras, frutos y hermosura y múltiples dones de gran utilidad. El Arce es el líder de los Árboles, reconocemos que nos entrega el azúcar cuando la Gente más lo necesita. Muchos pueblos del mundo tienen el Árbol como símbolo de paz y fuerza. Con una sola mente saludamos y damos las gracias a los Árboles. Ahora nuestras mentes son una sola.
Unimos nuestras mentes para saludar y dar las gracias a todos los hermosos Animales del mundo, que caminan con nosotros. De ellos aprendemos muchas cosas. Agradecemos que sigan compartiendo sus vidas con nosotros y esperamos que siempre lo hagan. Unimos nuestras mentes para darles las gracias a los Animales. Ahora nuestras mentes son una sola.

Miramos ahora hacia el oeste, donde viven nuestros Abuelos, los Seres del Trueno. Con rayos y truenos nos traen el agua que renueva la vida. Unimos nuestras mentes para saludar y darles las gracias a nuestros Abuelos, los Tronantes. Ahora saludamos y damos las gracias a nuestro Hermano mayor, el Sol. Cada día sin falta viaja por el cielo, de este a oeste, trayendo la luz de un nuevo día. Es el manantial de todos los fuegos de la vida. Con una sola mente, saludamos y damos las gracias a nuestro Hermano, el Sol. Ahora nuestras mentes son una sola.
Unimos nuestras mentes y damos las gracias a nuestra más anciana Abuela, la Luna, que brilla en el cielo nocturno. Es la primera de las mujeres de todo el mundo y gobierna el movimiento de las mareas del océano. Por los cambios en su rostro medimos el tiempo y es ella quien vigila la llegada de los niños a la Tierra. Pongamos toda nuestra gratitud a la Luna en un gran montón y lancémoslo con júbilo hacia el cielo nocturno que ella conoce. Con una sola mente, saludamos y damos las gracias a nuestra Abuela, la Luna. Les damos las gracias a las Estrellas repartidas como joyas por el cielo. Las vemos de noche, ayudando a la Luna a iluminar la oscuridad y trayendo el rocío a los jardines y a todo lo que crece. Si viajamos de noche, nos guían de vuelta al hogar. Con nuestras mentes unidas, saludamos y les damos las gracias a las Estrellas. Ahora nuestras mentes son una sola.
Hemos llegado ahora al lugar en que concluye nuestro Mensaje. De todas las cosas que hemos nombrado, no ha sido nuestra intención dejar nada fuera. Si algo olvidamos, que cada individuo lo salude y le dé las gracias como crea mejor. Ahora nuestras mentes son una sola.
Continúo con el comentario de la escritora Robin Wall Kimmerer:
“Uno no puede escuchar el Mensaje de Gratitud sin sentirse inmensamente rico. Y aunque las muestras de agradecimiento parezcan algo inocente, constituyen en realidad algo revolucionario. En una sociedad consumista, estar satisfecho con lo que se tiene supone una propuesta radical. Reconocer la propia abundancia, en lugar de la escasez, mina los principios de una economía que crece gracias a la generación de deseos irrealizables. La gratitud cultiva una ética de la plenitud, mientras que la economía requiere de vacío. El Mensaje de Gratitud nos recuerda que ya tenemos cuanto necesitamos. La gratitud no provoca la necesidad de adquirir más cosas para sentirse realizado; es un obsequio, no un bien, que subvierte los cimientos de toda la economía”.
“¿Qué pasaría si nuestra educación se basara en la gratitud, si pudiéramos conversar con el mundo natural como miembros de una democracia de especies, fieles a la interdependencia? Si no hicieran falta declaraciones de lealtad política, sino sólo respuestas a la sempiterna pregunta: ¿Podemos todos dar las gracias por aquello que se nos ha dado?. El Mensaje de Gratitud transmite nuestros respetos hacia los parientes no humanos; no hacia una entidad política, sino hacia la totalidad de la vida. ¿Qué ocurriría con el nacionalismo y con las fronteras políticas si la lealtad se dirigiera hacia los vientos y las aguas, que no conocen fronteras, que no pueden comprarse ni venderse?”
Nube de Monte tiene como marco el gran territorio formado por las cuencas de los grandes ríos Grijalva y Usumacinta, que corren por Guatemala, Chiapas y Tabasco, no porque nos parezca que es el único o el más importante, sino porque es en el que vivimos, y tenemos como regla ética no escribir sobre lugares donde no hemos caminado. Desde un principio nuestra intención ha sido recordar a las personas que la vida está por encima de las fronteras políticas y administrativas.
Los pueblos indígenas hoy son apenas el 5% de la población mundial, y sin embargo, se estima que conservan más del 36% de los bosques y las selvas intactas del planeta. Esto se debe a que, en su mayor parte, son culturas de la gratitud, que mantienen una relación más igualitaria con el mundo que los rodea.
En contraste, la civilización globalizada capitalista a la que pertenezco sólo entiende al mundo y a la vida como una fuente de recursos a la que es necesario explotar hasta sus últimas consecuencias, para beneficio de una élite (el 1% más rico de la población global produce más emisiones de carbono que el 66% más pobre de la población).
Otra cosa en la que Nube de Monte y los haudenosaunee coinciden plenamente es en el trato de iguales con los demás seres. Si algo hemos tratado de combatir a lo largo de estos cinco años es el antropocentrismo, la idea de que el animal humano está por encima del resto de los animales, plantas, hongos y microbios. La genética ha confirmado que todos los seres vivos estamos hechos de las mismas partes, todos compartimos una herencia de miles de millones de años en el núcleo de nuestras células. Y la ecología ha mostrado evidencias de que las condiciones que hacen posible nuestra vida en el planeta dependen de millones de especies, que influyen en el suelo, el aire, el agua, y por supuesto, en los alimentos que podemos obtener. Somos tan sólo una especie más, y compartimos esta aventura llamada vida con millones de compañeros.
Hoy la gratitud es objeto de estudio de ciencias como la psicología, la psiquiatría y las ciencias sociales. Se han publicado casi 3 mil artículos científicos sobre ella en revistas especializadas y las evidencias apuntan a que ha sido una característica fundamental en nuestra evolución, y una práctica que mejora la salud mental y física de quienes la practican.
Cuando leía las palabras de los haudenosaunee, recordé otros dos textos muy distintos, pero de alguna manera relacionados, ambos productos de diferentes momentos de la civilización occidental.
En el siglo XIII, en una época muy cercana al inicio de la Confederación Iroquesa, al otro lado del océano, un fraile moribundo en el pueblo de Asís compuso el llamado Cántico de las criaturas, primer himno cristiano que alabó al mundo y la vida que hay en él, como puede verse en estos fragmentos:
Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas,
especialmente en el señor hermano Sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana Luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.
Alabado seas, mi Señor por la hermana agua,
la cual es muy humilde, preciosa y casta.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre Tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.
Como puede verse, hay varios puntos de contacto entre las palabras de Francisco y el Mensaje de Gratitud, y hay una sensibilidad y preocupación hacia nuestros compañeros, los seres vivos. Es una sensibilidad que no está ni siquiera en el Cristo de los evangelios.
Y es un mensaje completamente opuesto al famoso pasaje del Génesis: “Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”. El Génesis establece un dogma que luego será esencial para el surgimiento del capitalismo: el ser humano está por encima de todo lo demás, y es legítimo explotar todos los recursos, sin importar las consecuencias.
No me parece una casualidad que Francisco de Asís haya unido la sensibilidad hacia las criaturas con práctica de una vida austera y la acción continua a favor de los pobres. Una relación sostenible con el medio ambiente sólo es posible desde la justicia social. Eso lo sabemos hoy por el trabajo de muchos pensadores, pero acaso él lo intuyó de alguna manera.
La Iglesia Católica tardó ocho siglos en hacer caso a la intuición del pobrecillo de Asís. En 2015, un papa nombrado en su honor publicó la encíclica Laudato si' (Alabado seas), un documento en el que se refleja en toda su magnitud la crisis climática, y se hace un llamado urgente para abordarla a partir de la justicia social.
El segundo texto que vino a mi memoria es Un punto azul pálido, de Carl Sagan. En 1990 la sonda espacial Voyager 1, en su viaje por el sistema solar, tomó la fotografía más lejana que existe de nuestro planeta, a más de 6 mil millones de kilómetros de distancia.
Sagan usó la imagen para escribir sobre nuestra vulnerable y solitaria posición en la vastedad del cosmos, resaltando la inmensa vanidad y locura humanas, que nos lleva a matarnos y enfrentarnos constantemente, en lugar de unirnos, como compañeros que somos en este único y maravilloso lugar. En contraste con la gratitud de los haudenosaunee y de Francisco, las palabras del astrónomo reflejan tal vez la desesperación de una persona del siglo XX que ha visto prolongarse durante tantos siglos nuestros peores impulsos:
“La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que en su gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina del punto sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo... es desafiada por este punto de luz pálida”.
“Se ha dicho que la astronomía es una formadora de humildad y carácter. Quizás no hay mejor demostración de la soberbia humana que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos más amablemente los unos a los otros y de preservar y apreciar el pálido punto azul, el único hogar que hemos conocido”.
Ya sea desde el punto donde nuestros pies tocan la tierra, o desde la profundidad del sistema solar, la imagen de nuestro planeta, de nuestro hogar, suscita en muchos de nosotros humildad y gratitud.
Este es el artículo número 60 de Nube de Monte, y cada uno de ellos ha surgido del asombro al contemplar la vida que nos rodea, y del entusiasmo por compartir ese asombro contigo. Detrás de cada uno hay cientos de horas de observación y decenas de artículos científicos revisados. Cada una de las 202 mil palabras que hemos publicado, cada una de las más de 600 fotografías, son una forma de agradecer el estar aquí, son una forma de dar gracias por la oportunidad y el privilegio de atestiguar el mundo.
También estamos llenos de agradecimiento por los más de 300 mil visitantes que han llegado en estos cinco años. Más del 60% provienen de México, pero también nos visitan regularmente de Colombia, Estados Unidos, Argentina, España, Costa Rica, Guatemala, Venezuela, Perú, Ecuador y Chile, además de las visitas muy ocasionales de otros 100 países.
Cada uno de los 202 comentarios dejados en los diferentes artículos significan mucho para nosotros. Mantener una publicación de divulgación científica independiente en el sur de México puede ser una actividad muy solitaria, pero las palabras de los visitantes alivian un poco esa sensación.
Estamos también muy agradecidos con todas las personas que han dejado alguna vez algún donativo, del tamaño que sea, y especialmente con las tres que desde hace más de tres años nos depositan mensualmente.
Esperamos que Nube de Monte siga persistiendo. Gracias de nuevo por llegar aquí. Esperamos que algún día, en la preocupación por nuestro hogar común, nuestras mentes sean una sola.
Referencias:
Una trenza de hierba sagrada, 2021. Robin Wall Kimmerer, editorial Capitán Swing.
Francis of Assisi: The Life, 2013. Augustine Thompson, Cornell University Press.
Un punto azul pálido, 2006. Carl Sagan, Editorial Planeta.
Indigenous and Community Forests, 2024. World Resources Institute
Richest 1% emit as much planet-heating pollution as two-thirds of humanity, 2023. Oxfam.