La “selva” del Parque Museo La Venta y el culto a Pellicer
Algunas consideraciones sobre una discusión por el espacio público y la socialización de los conceptos ecológicos

El anuncio de la construcción de un museo nacional olmeca en el Parque Museo La Venta, en Villahermosa, ha reactivado entre el público de la ciudad una polémica que lleva años estancada. Cuando el gobernador Javier May anunció el pasado 2 de junio el proyecto del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), muchos ciudadanos expresaron su rechazo en cuestión de minutos en las redes sociales.
Rechazo que impulsaría dos marchas ciudadanas contra el proyecto el 6 y 7 de junio. La movilización de unas 500 personas, si bien puede parecer modesta en otros lugares, es muy notable en Tabasco, donde una larga historia de corporativismo gubernamental y partidista ha despojado a la población de su agencia. Sólo los grupos feministas y los grupos LGBT+ han logrado algo similar en este siglo. Nunca el render de un edificio había causado tanta indignación local.
Desde entonces, el Colegio de Arquitectos Tabasqueños, la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles Tabasqueños y la Asociación Mexicana de Agencias de Viajes también se pronunciaron oficialmente en contra (lo cual es aún más infrecuente).
En Nube de Monte también estamos en contra, no de la construcción de un museo para evitar que las cabezas olmecas sigan dañándose a la intemperie, sino de la modificación del territorio sin un proceso de participación ciudadana. Al final del artículo abundaré en este argumento.
Pero me gustaría comentar algunos de los principales motivos que se han señalado en las redes contra el nuevo museo. Habría que dividirlos en dos grandes grupos: los que no quieren que se construya ningún museo nuevo, y los que dicen que sí, pero no en el Parque Museo La Venta.