El guayacán y su comunidad de abejas
Observaciones sobre la floración de un árbol de Handroanthus guayacan en la ciudad de Villahermosa

El guayacán es un perfecto ejemplo de nuestra relación superficial con las plantas que nos rodean. La belleza de su floración explosiva ha cautivado siempre a los habitantes del sur de México, Centroamérica y Sudamérica, pero es muy poco, casi realmente nada, lo que sabemos sobre la vida de este maravilloso árbol..
Cada temporada de seca, entre febrero y mayo, su copa amarilla aparece en una infinidad de fotos y vídeos en las redes sociales. Y aquí es donde aparece el primer malentendido, porque la mayoría de las personas tiende a pensar que los guayacanes sólo existen en su ciudad o en su estado natal, y no parecen ser conscientes de que, generalmente, una planta o un animal habitan grandes territorios que están por encima de las fronteras humanas.
Sin duda el nacionalismo (ese invento europeo del siglo XIX) tiene mucho que ver en esto. Podemos encontrar, si consultamos cualquier buscador en la red, artículos periodísticos o notas de redes sociales que reclaman orgullosamente el origen del árbol para su patria chica.
La segunda confusión está en el nombre. Guayacán es una palabra que proviene de la lengua taína, hablada por pueblos indígenas habitantes de algunas islas de las Antillas (Cuba, Jamaica, Puerto Rico, Haití, República Dominicana), que habían llegado procedentes de Sudamérica (y que serían exterminados por la esclavitud y las epidemias españolas). Como esas islas fueron el punto de llegada de los españoles al continente, muchas palabras de esa lengua fueron adoptadas por el castellano, y serían introducidas posteriormente a toda latinoamérica. En México, por ejemplo, palabras que hoy nos suenan tan familiares como cacique, maíz, hamaca o barbacoa, son de origen taíno.