El perico pecho sucio y el loro checha, dos sobrevivientes en Villahermosa
Ambas especies están entre las más inteligentes del mundo y aún resisten al caos urbano y la caza ilegal, como recordatorio viviente de la gran riqueza silvestre que perdimos

Todos los días una escena espectacular pasa desapercibida para la mayoría de los habitantes de Villahermosa, atascados en el tráfico infernal de una de las ciudades más entregadas al automóvil en México: al atardecer, bandadas de periquitos pecho sucio (Eupsittula nana) regresan a los parques urbanos para guarecerse en las copas de los mangos (Mango indica) y framboyanes (Delonix regia). Su gritería y el nervioso aleteo de sus cortas alas con el crepúsculo de fondo son un espectáculo impagable.
Los periquitos, que viven más de 15 años y anidan en termiteros o en huecos de los árboles, siempre pueden verse cerca de los ríos y lagunas que cruzan esta ciudad, al igual que sus parientes, los loros frente blanca (Amazona albifrons), también llamados checha en la región. Los loros no son tan abundantes en la urbe, pero si uno pasea con atención cerca del agua es casi seguro que podrá ver al menos a una pareja, pueden vivir más de 60 años, y los machos se diferencian de las hembras por sus plumas de color rojo en las alas. Periquitos y loros siempre andan en pareja, incluso cuando se juntan en bandadas, son monógamos y sólo la muerte o la captura los separarán de su primer cónyuge.