Los mangles que aprendieron a vivir lejos del mar

El río San Pedro Mártir, en México y Guatemala, es el único lugar del mundo donde el mangle rojo sobrevive a más de 200 km de la costa. Contiene información clave para entender lo que ocurrió en la última gran subida del mar, hace más de 100 mil años

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    Árboles de mangle rojo (Rhizophora mangle) en el río San Pedro, a más de 200 km de la costa, con los cerros de Tenosique en el horizonte.
    Mangle rojo (Rhizophora mangle) en el río San Pedro, a más de 200 km de la costa, con los cerros de Tenosique en el horizonte. Foto: Francisco Cubas

    Carlos Manuel Burelo Ramos creció nadando y pescando robalos y mojarras en el río San Pedro Mártir y su mirada infantil se acostumbró a la presencia de unos árboles muy curiosos, con las raíces de fuera, a la orilla del agua. Aquel niño no sabía que muchos años antes, en 1942, el botánico japonés naturalizado mexicano Eizi Matuda había recolectado una muestra de mangle rojo (Rhizophora mangle) a orillas del mismo río, en la localidad de La Palma, Tenosique, dejando el primer registro científico que se conoce sobre los mangles de la zona.

    Burelo se mudó de su natal Balancán a Villahermosa para estudiar la carrera de biología, y al orientarse hacia la botánica aprendió que los mangles son especies de árboles que viven siempre a orillas del mar, en lagunas y esteros de agua salada, y que no habitan en ríos porque no pueden sobrevivir en agua dulce. También aprendió que el mangle rojo se dispersa a través de vainas que flotan en el agua hasta encontrar el terreno adecuado para asentarse.  

    En las lagunas que comunica el río pueden verse grupos más nutridos de mangle rojo. Foto: Francisco Cubas

    Pero él sabía que en su tierra, muy lejos de la costa, habitaban mangles. ¿Cómo habían llegado hasta allá, dado que era imposible que una vaina soltada cerca del mar viajara río arriba contra la corriente?