El chinín, un tesoro casi secreto
Esta deliciosa fruta de Mesoamérica tiene grasas benéficas comparables a las del aceite de oliva extra virgen, pero al contrario de su pariente y gran estrella internacional, el aguacate, no se encuentra en los supermercados y es casi desconocida en las grandes ciudades

A lo largo de Mesoamérica, muchas personas guardan una relación emotiva con una fruta casi secreta, el chinín. Mi anécdota seguramente se parece a la de muchos niños: el primer recuerdo que tengo de esta especie es el de un caluroso mediodía en el que vi a mi padre entrando feliz a la casa con un par de frutas que se parecían al aguacate pero eran mucho más alargadas. A la hora de comer se sentó ante un plato de frijoles negros de olla, cortó la fruta a la mitad y apareció un gran semilla también alargada, rodeada de una pulpa muy suave y de un color café, como tierra deslavada. Mi padre desechó la semilla y quitó la pulpa con una cuchara, para revolverla con los frijoles y comer todo junto con unas tortillas de maíz con la orilla quemada, como le gustaban.
Me lo dio a probar como quien ofrece un tesoro, con la cara llena de orgullo por esa fruta que crecía en su pueblo natal (Pichucalco, Chiapas), y quedé prendado de ese sabor que desde entonces busco cada verano, desde finales de mayo hasta principios de agosto, únicas semanas del año en que estos árboles fructifican.