Los abejorros, al igual que los chimpancés, pueden resolver problemas espontáneamente

Estos insectos son el primer animal invertebrado en el que se detecta esta capacidad, que antes sólo se había registrado en simios, elefantes y cuervos

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    Imagen de la tercera fase del experimento, tomada de vídeo.

    Los abejorros han vuelto a ser noticia, porque se ha descubierto una nueva capacidad en sus pequeños cerebros: la resolución espontánea de problemas. Este término técnico implica que un ser puede resolver por sí mismo un problema que se le presenta por primera vez en su vida; sin ningún tipo de entrenamiento u observación previa, y sin usar el método de prueba y error. 

    Hasta ahora, los investigadores sólo habían detectado esta capacidad en los grandes simios, los elefantes y los cuervos. El primer antecedente son los experimentos realizados en 1913 por Wolfgang Köhler, en los que chimpancés fueron puestos en una habitación con un racimo de plátanos colgando del techo, fuera de su alcance, y unas cajas. Los primates fue capaces de acomodar las cajas una sobre de otra para luego subirse a ellas y alcanzar los plátanos. Lo más impresionante es que no lo habían hecho probando una y otra vez a mover cosas, sino que parecían encontrar la solución en su mente, antes de ejecutarla. Eso cambió por completo las ideas que prevalecían en la época sobre la inteligencia animal (los animales humanos modernos siempre hemos sido reacios a reconocer que el resto también puede ser inteligente).

    Un siglo después, especialistas finlandeses han llevado a cabo un experimento similar con los abejorros. Para ello, usaron individuos jóvenes criados en laboratorio, para asegurar que no tuvieran experiencia previa. Luego construyeron un escenario circular, transparente y techado, de unos 10 cm de diámetro y 2.3 cm de alto, en el que los abejorros podían caminar, pero no volar. En el centro del suelo del escenario pusieron un círculo azul que contenía una solución de azúcar; en otra parte pusieron una pequeña pelota de espuma, y dejaron que los abejorros exploraran. Esto sirvió para que descubrieran que el círculo azul contenía alimento, y que la pelota no era una amenaza, y podía ser movida. 

    En la segunda fase, pusieron la pelota cubriendo el círculo azul, y los abejorros tenían que moverla para acceder a la comida. Para el tercer escenario el círculo azul se puso en el techo, y en el suelo había cuatro muescas donde podía acomodarse la pelota para dejarla inmóvil y poder trepar en ella. El 75% de los abejorros colocó la pelota en la muesca adecuada, debajo del círculo azul, y se subió a ella para obtener el alimento. 

    Éxito total, pero todavía podría hacerse una objeción al experimento. Podría ser que los abejorros simplemente hubieran reaccionado al estímulo visual, podría ser que al ver el azul que asociaban con la comida sintieran ganas de hacer rodar la pelota y acercarse. Para descartar eso, se añadió una dificultad más: se dividió el escenario con paredes, de tal manera que desde donde estaba puesta la pelota inicialmente no se podía ver el círculo azul. Nuevamente, los abejorros fueron capaces de resolverlo. 

    Las barreras visuales y físicas entre el alimento y el objeto usado como herramienta, son una evidencia muy fuerte de que los abejorros tuvieron que sostener en su memoria una conducta orientada hacia un resultado. Para Lars Chittka, especialista en el comportamiento de abejas que no participó en el experimento, la última etapa es similar a lo que enfrenta una persona que ve un foco fundido en el techo y tiene que ir a otra habitación para buscar la escalera. Implica cierto entendimiento del problema, y la memoria para ubicar y unir las dos partes del problema. Le parece aún más impresionante que lo que hicieron los chimpancés en el famoso experimento, porque ellos estaban en una sola habitación, sin divisiones, con todo a la vista. 

    Vídeo que muestra las dos últimas fases del experimento.

    Esta es la primera vez que se comprueba esta capacidad en un animal invertebrado, pero las abejas europeas (Apis mellifera) y abejorros (Bombus terrestris) ya han demostrado en experimentos previos su capacidad para distinguir entre diferentes ritmos, usar herramientas, crear imágenes mentales, sumar y restar, entender el concepto de cero, tener pensamiento inferencial, y son capaces de aprendizaje social, es decir, pueden aprender a resolver problemas viendo cómo lo hacen otras abejas

    💡
    Recordatorio importante: existen más de 20,000 especies de abejas, unas 2,000 en México, pero casi la totalidad de los estudios sobre comportamiento se han realizado con la Apis y Bombus, porque son las más fáciles de mantener en los laboratorios de los países del norte global, que es donde se llevan a cabo estas investigaciones. ¿Son todas las especies de abejas igual de inteligentes? No lo sabemos. Todas las aves son inteligentes, pero los cuervos y los loros lo son más. Pasarán muchísimos años para que tengamos evidencias sobre las capacidades de una fracción importante de todas las especies.

    Los resultados de este experimento son una evidencia más contra un prejuicio muy extendido: el de que los cerebros más grandes son más complejos. El cerebro de un abejorro pesa unos 2.8 mg y mide entre 0.89 to 2.41 mm³, el tamaño de una semilla de sésamo. En ese espacio contiene 1 millón de neuronas, muy pocas si las comparamos con las 86 mil millones que tiene un cerebro humano. Y sin embargo, mira cuánto pueden hacer con ello, y quién sabe cuánto más nos falta por descubrir. 

    Vivimos rodeados de inteligencia y no hay cerebros “superiores” en este planeta, sólo cerebros que han evolucionado para ambientes diferentes.