El chipilín, un símbolo de resistencia ante la agroindustria

Favorito de humanos e insectos, esta especie de quelite nos recuerda el valor de la agroecología, los policultivos y la diversidad alimenticia

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    Una abeja nativa del género Xylocopa alimentándose de flores de chipilín. Se han registrado hasta 14 especies de abejas nativas asociadas a esta planta. Foto: Francisco Cubas

    El chipilín tiene un olor que abre una puerta de regreso a la infancia, a desayunos con los que las abuelas te mimaban en sábados lluviosos, entre patios llenos de flores amarillas. Por algo el principal platillo que se cocina con esta planta siempre se nombra con el doble diminutivo: "tamalito de chipilín". Nunca tamal, siempre tamalito.

    El origen exacto del nombre común de la planta es discutido, pero al menos una parte de su raíz náhuatl se refiere precisamente a la infancia. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos dice lo siguiente (nótese como incluso la RAE dice "tamalitos"):

    chipilín, na. (Del nahua tzipitl, niño destetado) . 1. m. y f. Niño pequeño. 2. m. El Salv., Guat. y Méx. Planta leguminosa, herbácea, que se mezcla con masa para hacer los llamados tamalitos de chipilín, típicos de Tabasco y Guatemala.

    Fray Alfonso de Molina, en su Vocabulario en lengua mexicana (1555) lo registra como "Tzipitl. la criatura que está enferma o desgañada a causa de estar su madre preñada".

    La palabra entonces se refiere a una imagen muy concreta: un bebé cuya madre lo ha destetado por estar nuevamente embarazada, que ya no tiene para sí toda la atención del principio, y por ello se siente melancólico y triste. Tzipitl se traslada al castellano como chípil. "Está chípil", es una frase que todavía se usa con frecuencia en México.